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martes, 9 de agosto de 2011
sábado, 16 de julio de 2011
Sobre guardar silencio y hablar (fragmento del libro" Ni lobo ni perro. Por senderos olvidados con un anciano indio" de Kent Nerburn)
Nosotros los indios sabemos del silencio. No le tenemos miedo. De hecho, para nosotros es más poderoso que las palabras.
Nuestros ancianos fueron educados en las maneras del silencio, y ellos nos transmitieron ese conocimiento a nosotros. Observa, escucha, y luego actúa, nos decían. Esa es la manera de vivir.
Observa a los animales para ver cómo cuidan a sus crías. Observa a los ancianos para ver cómo se comportan. Observa al hombre blanco para ver qué quiere. Siempre observa primero, con corazón y mente quietos, y entonces aprenderás. Cuando hayas observado lo suficiente, entonces podrás actuar.
Con ustedes es lo contrario. Ustedes aprenden hablando. Premian a los niños que hablan más en la escuela. En sus fiestas todos tratan de hablar. En el trabajo siempre están teniendo reuniones en las que todos interrumpen a todos, y todos hablan cinco, diez o cien veces. Y le llaman "resolver un problema". Cuando están en una habitación y hay silencio, se ponen nerviosos. Tienen que llenar el espacio con sonidos. Así que hablan impulsivamente, incluso antes de saber lo que van a decir.
A la gente blanca le gusta discutir. Ni siquiera permiten que el otro termine una frase. Siempre interrumpen. Para los indios esto es muy irrespetuoso e incluso muy estúpido. Si tú comienzas a hablar, yo no voy a interrumpirte. Te escucharé. Quizás deje de escucharte si no me gusta lo que estás diciendo. Pero no voy a interrumpirte. Cuando termines, tomaré mi decisión sobre lo que dijiste, pero no te diré si no estoy de acuerdo, a menos que sea importante. De lo contrario, simplemente me quedaré callado y me alejaré. Me has dicho lo que necesito saber. No hay nada más que decir. Pero eso no es suficiente para la mayoría de la gente blanca.
La gente debería pensar en sus palabras como si fuesen semillas. Deberían plantarlas, y luego permitirles crecer en silencio. Nuestros ancianos nos enseñaron que la tierra siempre nos está hablando, pero que debemos guardar silencio para escucharla.
Existen muchas voces además de las nuestras. Muchas voces.
Nuestros ancianos fueron educados en las maneras del silencio, y ellos nos transmitieron ese conocimiento a nosotros. Observa, escucha, y luego actúa, nos decían. Esa es la manera de vivir.
Observa a los animales para ver cómo cuidan a sus crías. Observa a los ancianos para ver cómo se comportan. Observa al hombre blanco para ver qué quiere. Siempre observa primero, con corazón y mente quietos, y entonces aprenderás. Cuando hayas observado lo suficiente, entonces podrás actuar.
Con ustedes es lo contrario. Ustedes aprenden hablando. Premian a los niños que hablan más en la escuela. En sus fiestas todos tratan de hablar. En el trabajo siempre están teniendo reuniones en las que todos interrumpen a todos, y todos hablan cinco, diez o cien veces. Y le llaman "resolver un problema". Cuando están en una habitación y hay silencio, se ponen nerviosos. Tienen que llenar el espacio con sonidos. Así que hablan impulsivamente, incluso antes de saber lo que van a decir.
A la gente blanca le gusta discutir. Ni siquiera permiten que el otro termine una frase. Siempre interrumpen. Para los indios esto es muy irrespetuoso e incluso muy estúpido. Si tú comienzas a hablar, yo no voy a interrumpirte. Te escucharé. Quizás deje de escucharte si no me gusta lo que estás diciendo. Pero no voy a interrumpirte. Cuando termines, tomaré mi decisión sobre lo que dijiste, pero no te diré si no estoy de acuerdo, a menos que sea importante. De lo contrario, simplemente me quedaré callado y me alejaré. Me has dicho lo que necesito saber. No hay nada más que decir. Pero eso no es suficiente para la mayoría de la gente blanca.
La gente debería pensar en sus palabras como si fuesen semillas. Deberían plantarlas, y luego permitirles crecer en silencio. Nuestros ancianos nos enseñaron que la tierra siempre nos está hablando, pero que debemos guardar silencio para escucharla.
Existen muchas voces además de las nuestras. Muchas voces.
miércoles, 6 de julio de 2011
Para pensar en el futuro...
Este corto fue realizado para el segundo Festival Ecológico "La Luciérnaga Fundida". Muestra la diferencia de huella ecológica entre generaciones, buscando que nos cuestionemos cómo será nuestra huella. Avancemos al futuro, aprendiendo del pasado.
Al final de cuentas, nos deja la siguiente pregunta: ¿Otro mundo es posible?
Al final de cuentas, nos deja la siguiente pregunta: ¿Otro mundo es posible?
miércoles, 29 de junio de 2011
Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor "del fuego" (Simone Seija Paseyro)
Alguien me dijo que no es casual...que desde siempre las elegimos. Que las encontramos en el camino de la vida, nos reconocemos y sabemos que en algún lugar de la historia de los mundos fuimos del mismo clan.
Pasan las décadas y al volver a recorrer los ríos esos cauces, tengo muy presentes las cualidades que las trajeron a mi tierra personal.
Valientes, reidoras y con labia.
Capaces de pasar horas enteras escuchando, muriéndose de risa, consolando. Arquitectas de sueños, hacedoras de planes, ingenieras de la cocina, cantautoras de canciones de cuna.
Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor de "un fuego", nacen fuerzas, crecen magias, arden brasas, que gozan, festejan, curan, recomponen, inventan, crean, unen, desunen, entierran, dan vida, rezongan, se conduelen.
Ese fuego puede ser la mesa de un bar, las idas para afuera en vacaciones, el patio de un colegio, el galpón donde jugábamos en la infancia, el living de una casa, el corredor de una facultad, un mate en el parque, la señal de alarma de que alguna nos necesita o ese tesoro incalculable que son las quedadas a dormir en la casa de las otras.
Las de adolescentes después de un baile, o para preparar un examen, o para cerrar una noche de cine. Las de "veníte el sábado" porque no hay nada mejor que hacer en el mundo que escuchar música, y hablar, hablar y hablar hasta cansarse.
Las de adultas, a veces para asilar en nuestras almas a una con desesperanza en los ojos, y entonces nos desdoblamos en abrazos, en mimos, en palabras, para recordarle que siempre hay un mañana.
A veces para compartir, departir, construir, sin excusas, solo por las meras ganas. El futuro en un tiempo no existía. Cualquiera mayor de 25 era de una vejez no imaginada...y sin embargo...detrás de cada una de nosotras, nuestros ojos.
Cambiamos. Crecimos. Nos dolimos. Parimos hijos. Enterramos muertos. Amamos. Fuimos y somos amadas. Dejamos y nos dejaron. Nos enojamos para toda la vida, para descubrir que toda la vida es mucho y no valía la pena. Cuidamos y en el mejor de los casos nos dejamos cuidar. Nos casamos, nos juntamos, nos divorciamos. O no. Creímos morirnos muchas veces, y encontramos en algún lugar la fuerza de seguir. Bailamos con un hombre, pero la danza más lograda la hicimos para nuestros hijos al enseñarles a caminar. Pasamos noches en blanco, noches en negro, noches en rojo, noches de luz y de sombras. Noches de miles de estrellas y noches desangeladas. Hicimos el amor, y cuando correspondió, también la guerra. Nos entregamos. Nos protegimos. Fuimos heridas e inevitablemente, herimos. Entonces...los cuerpos dieron cuenta de esas lides (peleas), pero todas mantuvimos intacta la mirada. La que nos define, la que nos hace saber que ahí estamos, que seguimos estando y nunca dejamos de estar. Porque juntas construimos nuestros propios cimientos, en tiempos donde nuestro edificio recién se empezaba a erigir. Somos más sabias, más hermosas, más completas, más plenas, más dulces, más risueñas y por suerte, de alguna manera, más salvajes. Y en aquel tiempo también lo éramos, sólo que no lo sabíamos. Hoy somos todas espejos de las unas, y al vernos reflejadas en esta danza cotidiana, me emociono. Porque cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor "del fuego" que deciden avivar con su presencia, hay fiesta, hay aquelarre, misterio, tormenta, centellas y armonía. Como siempre. Como nunca. Como toda la vida. Para todas las brasas de mi vida, las que arden desde hace tanto, y las que recién se suman al fogón.
Fuente: http://mujeresdescosidas.blogspot.com
Pasan las décadas y al volver a recorrer los ríos esos cauces, tengo muy presentes las cualidades que las trajeron a mi tierra personal.
Valientes, reidoras y con labia.
Capaces de pasar horas enteras escuchando, muriéndose de risa, consolando. Arquitectas de sueños, hacedoras de planes, ingenieras de la cocina, cantautoras de canciones de cuna.
Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor de "un fuego", nacen fuerzas, crecen magias, arden brasas, que gozan, festejan, curan, recomponen, inventan, crean, unen, desunen, entierran, dan vida, rezongan, se conduelen.
Ese fuego puede ser la mesa de un bar, las idas para afuera en vacaciones, el patio de un colegio, el galpón donde jugábamos en la infancia, el living de una casa, el corredor de una facultad, un mate en el parque, la señal de alarma de que alguna nos necesita o ese tesoro incalculable que son las quedadas a dormir en la casa de las otras.
Las de adolescentes después de un baile, o para preparar un examen, o para cerrar una noche de cine. Las de "veníte el sábado" porque no hay nada mejor que hacer en el mundo que escuchar música, y hablar, hablar y hablar hasta cansarse.
Las de adultas, a veces para asilar en nuestras almas a una con desesperanza en los ojos, y entonces nos desdoblamos en abrazos, en mimos, en palabras, para recordarle que siempre hay un mañana.
A veces para compartir, departir, construir, sin excusas, solo por las meras ganas. El futuro en un tiempo no existía. Cualquiera mayor de 25 era de una vejez no imaginada...y sin embargo...detrás de cada una de nosotras, nuestros ojos.
Cambiamos. Crecimos. Nos dolimos. Parimos hijos. Enterramos muertos. Amamos. Fuimos y somos amadas. Dejamos y nos dejaron. Nos enojamos para toda la vida, para descubrir que toda la vida es mucho y no valía la pena. Cuidamos y en el mejor de los casos nos dejamos cuidar. Nos casamos, nos juntamos, nos divorciamos. O no. Creímos morirnos muchas veces, y encontramos en algún lugar la fuerza de seguir. Bailamos con un hombre, pero la danza más lograda la hicimos para nuestros hijos al enseñarles a caminar. Pasamos noches en blanco, noches en negro, noches en rojo, noches de luz y de sombras. Noches de miles de estrellas y noches desangeladas. Hicimos el amor, y cuando correspondió, también la guerra. Nos entregamos. Nos protegimos. Fuimos heridas e inevitablemente, herimos. Entonces...los cuerpos dieron cuenta de esas lides (peleas), pero todas mantuvimos intacta la mirada. La que nos define, la que nos hace saber que ahí estamos, que seguimos estando y nunca dejamos de estar. Porque juntas construimos nuestros propios cimientos, en tiempos donde nuestro edificio recién se empezaba a erigir. Somos más sabias, más hermosas, más completas, más plenas, más dulces, más risueñas y por suerte, de alguna manera, más salvajes. Y en aquel tiempo también lo éramos, sólo que no lo sabíamos. Hoy somos todas espejos de las unas, y al vernos reflejadas en esta danza cotidiana, me emociono. Porque cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor "del fuego" que deciden avivar con su presencia, hay fiesta, hay aquelarre, misterio, tormenta, centellas y armonía. Como siempre. Como nunca. Como toda la vida. Para todas las brasas de mi vida, las que arden desde hace tanto, y las que recién se suman al fogón.
Fuente: http://mujeresdescosidas.blogspot.com
viernes, 24 de junio de 2011
Dios Mio... (Mahatma Gandhi)
Ayúdame a decir la palabra de verdad en la cara de los fuertes, y a no mentir para congraciarme el aplauso de los débiles.Si me das dinero, no tomes mi felicidad, y si me das fuerzas, no quites mi raciocinio.
Si me das éxito no me quites la humildad, si me das humildad, no quites mi dignidad.
Ayúdame a conocer la otra cara de la imagen, y no me dejes acusar a mis adversarios, tachándoles de traidores porque no comparten mi criterio.
Enséñame a amar a los demás como me amo a mí mismo, y a juzgarme como lo hago con los demás.
No me dejes embriagar con el éxito cuando lo logre, ni desesperarme si fracaso.
Más bien, hazme siempre recordar que el fracaso es la prueba que antecede al éxito.
Enséñame...que la tolerancia es el más alto grado de la fuerza y que el deseo de venganza es la primera manifestación de la debilidad.
Si me despojas del dinero, déjame la esperanza, y si me despojas del éxito, déjame la fuerza de voluntad para poder vencer el fracaso.
Si me despojas del don de la salud, déjame la gracia de la fe.
Si hago daño a la gente, dame la fuerza de la disculpa, y si la gente me hace daño, dame la fuerza del perdón y la clemencia.
DIOS MIO...SI TE OLVIDO..¡¡NO ME OLVIDES!!..
AMÉN
MAHATMA GANDHI
Fuente: http://arteymente.blogspot.com
martes, 3 de mayo de 2011
viernes, 29 de abril de 2011
Tal vez (Aristóteles Onassis)
Tal vez yo voy a envejecer muy rápido, pero lucharé para que el día haya valido la pena.Tal vez sufra innumerables desilusiones en el transcurso de mí vida, pero haré que ellas pierdan la importancia delante de los gestos de amor que encuentre.
Tal vez yo no tenga la fuerza para realizar todas mís ideas, pero jamás me consideraré un derrotado.
Tal vez en algún instante yo sufra una terrible caída, pero no me quedaré mucho tiempo mirando para el suelo.
Tal vez un día el sol deje de brillar, pero entonces iré a bañarme en la lluvia.
Tal vez un día yo sufra alguna injusticia, pero jamás iré a asumir el papel de víctima.
Tal vez yo tenga que enfrentarme con algunos enemigos, pero tendré la humildad para aceptar las manos que se extendieron hacia mí.
Tal vez en una de esas noches frías yo derrame muchas lágrimas, pero jamás tendré verguenza por ese gesto.
Tal vez yo sea engañado muchas veces, pero no dejaré de creer que en algún lugar alguien merece mí confianza.
Tal vez con el tiempo yo reconozca que cometí muchos errores, pero no desistiré de seguir recorriendo mí camino.
Tal vez con el transcurrir de los años yo pierda grandes amigos, pero aprenderé que aquellos que son mis verdaderos amigos jamás estarán perdidos.
Tal vez algunas personas quieran mí mal, pero yo continuaré plantando las semillas de fraternidad por donde yo pase.
Tal vez yo me quede triste al percibir que no consigo seguir el ritmo de la música, pero entonces haré que la música siga el compás de mis pasos.
Tal vez yo nunca consiga ver un arco íris, pero aprenderé a diseñar uno aunque sea dentro de mí corazón.
Tal vez hoy me sienta débil, pero mañana recomenzaré, aunque sea de manera diferente.
Tal vez yo nunca aprenda todas las lecciones necesarias, pero tendré en la conciencia que las verdaderas enseñanzas ya están grabadas en mí interior.
Tal vez yo me deprima por no saber la letra de aquella canción, pero estaré feliz con las otras capacidades que sí poseo.
Tal vez no tenga motivos para grandes conmemoraciones, pero no dejaré de alegrarme con las grandes conquistas.
Tal vez la voluntad de abandonar todo se torne mí compañera, pero en vez de huir, correré detrás de lo que deseo.
Tal vez yo no sea exactamente quien me gustaría ser, pero pasaré a admirar a quien soy.
Porque al final sabré que asi mismo con incontables dudas, soy capaz de construir una vida mejor. Y si todavía no me convencí de esto, es por que creo en el dicho"todavía no llegó el fin" porque al final no habrá ningún "tal vez" y si la certeza de que mí vida valió la pena y yo hice lo mejor que podía.
Fuente: http://dyeg0.wordpress.com/2008/09/14/tal-vez-aristoteles-onassis/
sábado, 9 de abril de 2011
Cuando me amé de verdad (Charles Chaplin)
Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el momento preciso. Y, entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre... Autoestima.Cuando me amé de verdad, pude percibir que mí angustia y mí sufrimiento emocional, no son sino señales de que voy contra mis propias verdades. Hoy sé que eso es... Autenticidad.
Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente, y comencé a ver que todo lo que acontece contribuye a mí crecimiento. Hoy sé que eso se llama... Madurez.
Cuando me amé de verdad, comencé a comprender por qué es ofensivo tratar de forzar una situación o a una persona, solo para alcanzar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento o que la persona (tal vez yo mismo) no está preparada. Hoy sé que el nombre de eso es... Respeto.
Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas y situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. Al principio, mí razón llamó egoísmo a esa actitud. Hoy sé que se llama... Amor hacia uno mismo.
Cuando me amé de verdad, dejé de preocuparme por no tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mí propio ritmo. Hoy sé, que eso es... Simplicidad.
Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y, con eso, erré muchas menos veces. Así descubrí la... Humildad.
Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el pasado y de preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez. Y eso se llama... Plenitud.
Cuando me amé de verdad, comprendí que mí mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mí corazón, es una valiosa aliada. Y esto es... Saber vivir!
No debemos tener miedo de cuestionarnos... hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas (Charles Chaplin)
jueves, 17 de marzo de 2011
La vida, resumida en 45 segundos (Last Day Dream)
Este corto sirve para reflexionar y tomar la decisión de arriesgarse a realizar cosas nuevas, tratando de evitar los malos caminos.
viernes, 31 de diciembre de 2010
Celebrar el nacimiento (Alfredo Leuco)
Mi papá me envío esta nota como saludo de fin de año. Confieso que lloré, a moco tendido, por un largo rato. Así que preferí compartirla con ustedes.
Hace un par de años, cuando nosotros, con Fernando, trabajábamos en otra radio, Omar Lavieri me mandó una de las mejores tarjetas de felicidades que recibí. Tenía muy pocas palabras y una gran foto. Decía: amigo, se festeje religiosamente o no, yo te mando lo mejor que tengo. Y en la foto estaban sus hijos. Yo le contesté que después de leer algunos libros y de mas de 30 años de periodista esa era la verdad más importante que había descubierto: que nuestros hijos son lo mejor que tenemos.
Que es lo que mas felicidad nos produce. Verlos nacer. Verlos crecer. Y ni me quiero imaginar lo que debe ser verlos multiplicarse y hacernos abuelos. De eso algo sabe Fernando con Santiaguito y Sofía. O mis viejos que ya son tres veces bisabuelos con Eliana, Ezequiel y Yoav. Eso yo todavía no lo experimenté porque mi hijo Diego recién tiene 21 años y está tan enamorado como yo de la aventura de ser periodista. De utilizar este maravilloso oficio para conocer, para curiosear, para investigar y para acomodar a los incómodos e incomodar a los cómodos. Que Diego haya pasado de ser estudiante de periodismo a periodista me produjo una de las mayores felicidades de mi vida. Un yacimiento de alegría que ni sabía que tenía. Su nacimiento como hijo y su nacimiento como periodista es por lejos, lo mejor que me pasó en la vida.
Casi todo lo demás son anécdotas. Van y vienen. Te dan energía o te quitan. Pero no son fundacionales como la relación entre los padres y los hijos. Ese vínculo es de acero.
Es una fábrica de esperanza inagotable. ¿Se puede explicar racionalmente esa felicidad? Es muy difícil pero para empezar creo que procrear, generar vida, aportar a la cavidad del amor de una pareja y prolongar la vida por los tiempos de los tiempos es en sí mismo el mayor de los milagros. No descubro nada ni pretendo descubrirlo. Digo que ese amor que se revela cuando ellos nacen es un manantial que desconocíamos hasta ese momento.
El amor por los hijos tiene una potencia inigualable. Uno es capaz de hacer cualquier cosa por ellos. Es lo único en la vida que se ama más que a nuestros padres o a nuestra pareja. Es lo único que se ama más que a uno mismo. Es uno mismo en el mañana. Sangre de nuestra sangre, vida cotidiana, gestos, genes. Verlos crecer es una felicidad cotidiana. Aprender a ser padre es una experiencia de una riqueza extraordinaria. Ensayo y error. Poner todo el amor pero sin asfixiar. Ayudarlo a cruzar todos los puentes pero sin cruzar por él. Empujarlo pero no reemplazarlo. Transmitirle valores con el ejemplo pero sin bajarle línea ni apelar a la moralina del dedito levantado. Yo siempre le digo a mi hijo lo mismo que mi viejo me decía a mi: "Cuidate, por favor, que si no te cuidas vos, quien te va a cuidar". Es un ruego, casi un rezo. Un padre nuestro que estás en la tierra. Cuida a mi hijo, protégelo. Permítele crecer y permíteme estar en la tribuna para alentarlo desde cualquier lugar.
Permítime ver su crecimiento y ver su luz que me ilumina. El desafío es ayudarlos a ser mejor que nosotros. Con más cabeza y más corazón. Con más ética y más sonrisas. Que sean valientes, generosos, divertidos, creativos y que aprendan a disfrutar intensamente los momentos de felicidad. Que sepa que se gana y se pierde. Que mucho, no todo, pero que mucho depende de nuestro esfuerzo. De los huevos que pongamos. De nuestro sacrificio. Son tiempos difíciles para ayudar a crecer a nuestros hijos. Son tiempos llenos de acechanzas y temores. Con muchos miedos. Miedo a que les roben, a que tengan un accidente, a que se droguen, a que se aburran y no encuentren su camino. Y el miedo más terrible: a que no sea feliz. La Navidad es muchas cosas según el cristal religioso, histórico y cultural con que se mire.
Yo ya le dije que no soy muy creyente. Que soy más bien agnóstico como buen periodista pero que admiro y hasta envidio a los creyentes. A la gente de fe. Pero creo que la Navidad en su primer y último contenido transmite el mismo valor y concepto del nacimiento. Del génesis, del comienzo. Por eso la Navidad es tan fuerte, por eso conmueve tanto. No es un momento más en la vida de las personas. Es el comienzo de la vida, el nacimiento, el origen, no importa cual sea la religión que profesemos si es que alguna vez profesamos alguna. Navidad es nacimiento y como le dije al principio no hay palabra superior ni mayor milagro. Ese gigantesco océano de amor interminable se resumen en nuestros hijos. Que todos nuestros hijos, los de nuestra familia y los de nuestro país sean muy felices y que nazcan tantas veces como sea necesario hasta que sean felices. Ese es mí deseo para todos nosotros y para todos ustedes. Por eso brindo. Feliz Navidad, feliz nacimiento.
Fuente: www.continental.com.ar
De yapa, la canción de Joan Manuel Serrat "Esos locos bajitos"
Espero que terminen muy bien el 2010 y comiencen, de la mejor manera posible, el 2011.
Hace un par de años, cuando nosotros, con Fernando, trabajábamos en otra radio, Omar Lavieri me mandó una de las mejores tarjetas de felicidades que recibí. Tenía muy pocas palabras y una gran foto. Decía: amigo, se festeje religiosamente o no, yo te mando lo mejor que tengo. Y en la foto estaban sus hijos. Yo le contesté que después de leer algunos libros y de mas de 30 años de periodista esa era la verdad más importante que había descubierto: que nuestros hijos son lo mejor que tenemos.
Que es lo que mas felicidad nos produce. Verlos nacer. Verlos crecer. Y ni me quiero imaginar lo que debe ser verlos multiplicarse y hacernos abuelos. De eso algo sabe Fernando con Santiaguito y Sofía. O mis viejos que ya son tres veces bisabuelos con Eliana, Ezequiel y Yoav. Eso yo todavía no lo experimenté porque mi hijo Diego recién tiene 21 años y está tan enamorado como yo de la aventura de ser periodista. De utilizar este maravilloso oficio para conocer, para curiosear, para investigar y para acomodar a los incómodos e incomodar a los cómodos. Que Diego haya pasado de ser estudiante de periodismo a periodista me produjo una de las mayores felicidades de mi vida. Un yacimiento de alegría que ni sabía que tenía. Su nacimiento como hijo y su nacimiento como periodista es por lejos, lo mejor que me pasó en la vida.
Casi todo lo demás son anécdotas. Van y vienen. Te dan energía o te quitan. Pero no son fundacionales como la relación entre los padres y los hijos. Ese vínculo es de acero.
Es una fábrica de esperanza inagotable. ¿Se puede explicar racionalmente esa felicidad? Es muy difícil pero para empezar creo que procrear, generar vida, aportar a la cavidad del amor de una pareja y prolongar la vida por los tiempos de los tiempos es en sí mismo el mayor de los milagros. No descubro nada ni pretendo descubrirlo. Digo que ese amor que se revela cuando ellos nacen es un manantial que desconocíamos hasta ese momento.
El amor por los hijos tiene una potencia inigualable. Uno es capaz de hacer cualquier cosa por ellos. Es lo único en la vida que se ama más que a nuestros padres o a nuestra pareja. Es lo único que se ama más que a uno mismo. Es uno mismo en el mañana. Sangre de nuestra sangre, vida cotidiana, gestos, genes. Verlos crecer es una felicidad cotidiana. Aprender a ser padre es una experiencia de una riqueza extraordinaria. Ensayo y error. Poner todo el amor pero sin asfixiar. Ayudarlo a cruzar todos los puentes pero sin cruzar por él. Empujarlo pero no reemplazarlo. Transmitirle valores con el ejemplo pero sin bajarle línea ni apelar a la moralina del dedito levantado. Yo siempre le digo a mi hijo lo mismo que mi viejo me decía a mi: "Cuidate, por favor, que si no te cuidas vos, quien te va a cuidar". Es un ruego, casi un rezo. Un padre nuestro que estás en la tierra. Cuida a mi hijo, protégelo. Permítele crecer y permíteme estar en la tribuna para alentarlo desde cualquier lugar.
Permítime ver su crecimiento y ver su luz que me ilumina. El desafío es ayudarlos a ser mejor que nosotros. Con más cabeza y más corazón. Con más ética y más sonrisas. Que sean valientes, generosos, divertidos, creativos y que aprendan a disfrutar intensamente los momentos de felicidad. Que sepa que se gana y se pierde. Que mucho, no todo, pero que mucho depende de nuestro esfuerzo. De los huevos que pongamos. De nuestro sacrificio. Son tiempos difíciles para ayudar a crecer a nuestros hijos. Son tiempos llenos de acechanzas y temores. Con muchos miedos. Miedo a que les roben, a que tengan un accidente, a que se droguen, a que se aburran y no encuentren su camino. Y el miedo más terrible: a que no sea feliz. La Navidad es muchas cosas según el cristal religioso, histórico y cultural con que se mire.
Yo ya le dije que no soy muy creyente. Que soy más bien agnóstico como buen periodista pero que admiro y hasta envidio a los creyentes. A la gente de fe. Pero creo que la Navidad en su primer y último contenido transmite el mismo valor y concepto del nacimiento. Del génesis, del comienzo. Por eso la Navidad es tan fuerte, por eso conmueve tanto. No es un momento más en la vida de las personas. Es el comienzo de la vida, el nacimiento, el origen, no importa cual sea la religión que profesemos si es que alguna vez profesamos alguna. Navidad es nacimiento y como le dije al principio no hay palabra superior ni mayor milagro. Ese gigantesco océano de amor interminable se resumen en nuestros hijos. Que todos nuestros hijos, los de nuestra familia y los de nuestro país sean muy felices y que nazcan tantas veces como sea necesario hasta que sean felices. Ese es mí deseo para todos nosotros y para todos ustedes. Por eso brindo. Feliz Navidad, feliz nacimiento.
Fuente: www.continental.com.ar
De yapa, la canción de Joan Manuel Serrat "Esos locos bajitos"
Espero que terminen muy bien el 2010 y comiencen, de la mejor manera posible, el 2011.
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