jueves, 14 de julio de 2011
sábado, 9 de julio de 2011
Mecánicos (Osvaldo Soriano)
Se lo dedico a mi papá por ser el día de su cumpleaños.
Este relato está incluido en el libro "Cuentos de los años felices", editado en 1993 por la Editorial Sudamericana.
Mi padre era muy malo al volante. No le gustaba que se lo dijera y no sé si ahora, en la serenidad del sepulcro, sabrá aceptarlo. En la ruta ponía las ruedas tan cerca de los bordes del pavimento que un día, indefectiblemente, tenía que volcar. Sucedió una tarde de 1963 cuando iba de Buenos Aires a Tandil en un Renault Gordini que fue el único coche que pudo tener en su vida. Lo había comprado a crédito y lo cuidaba tanto que estaba siempre reluciente y del motor salían arrullos de palomas. Me lo prestaba para que fuera al bosque con mi novia y creo que nunca se lo agradecí. A esa edad creemos que el mundo solo tiene obligaciones con nosotros. Y yo presumía de manejar bien, de entender de motores, cajas, distribuidores y diferenciales porque había pasado por el Industrial de Neuquén.
Antes de que me fuera al servicio militar me preguntó que haría al regresar. Ni él ni yo servíamos para tener un buen empleo y le preocupaba que la plata que yo traía viniera del fútbol, que consideraba vulgar. A mi padre le gustaba la ópera aunque creo que nunca conoció el Teatro Colón. Venía de una lejana juventud antifascista que en 1930 le había tirado piedras a los esbirros del dictador Uriburu, y conservaba un costado romántico. Cuando le dije que quería seguir jugando al fútbol, lo tomó como un mal chiste. Me aconsejó que en la conscripción hiciera valer mi diploma de experto en motores para pasarla mejor. Siempre se equivocaba: fue como centro-delantero que evité las humillaciones en el regimiento. Cualquiera arregla un motor pero poca gente sabe acercarse al arco. La ambición de mi padre era que yo conociera bien los motores viejos para después inventar otros nuevos. Igual que Roberto Arlt, siempre andaba dibujando planos y haciendo cálculos. Una tarde en que me prestó el Gordini para ir al bosque me anunció que al día siguiente, aprovechando sus vacaciones, lo íbamos a desarmar por completo para poder armarlo de nuevo.
Yo no le hice caso pero él se tomó el asunto en serio. En el fondo de la casa tenía un taller lleno de extrañas herramientas que iba comprando a medida que lo visitaban los viajantes de Buenos Aires. Como no podía pagarlas, los tipos entraban de prepo al taller, se llevaban las que tenía a medio pagar y de paso le dejaban otras nuevas para tenerlo siempre endeudado. Había algunas muy estrambóticas, llenas de engranajes, sinfines, manómetros y relojes, que nadie sabía para que servían.
A la madrugada dejé el coche en el garaje y me tiré en la cama dispuesto a dormir todo el día. Pero a las seis mi viejo ya estaba de pie y vino a golpear a la puerta de mi pieza. Mi madre no me permitía fumar y el entrenador tampoco, así que cuando me ofrecía el paquete yo sonreía y lo seguía por el pasillo poniéndome los pantalones. Caminaba delante de mí, medio maltrecho, y lo sorprendía que yo pudiera saltar un metro para peinar la pelota que bajaba del techo y meterla por la claraboya del taller.
-Sos un cabeza hueca- me decía.
Se reía con Buster Keaton y leía La Prensa, que le prestaba un vecino. Tal vez había envejecido antes de tiempo o quizá se enamoró de una mujer intocable en uno de esos pueblos perdidos por donde nos había arrastrado. Nunca lo sabré. Mi madre ha perdido la memoria y apenas si recuerda el día en que lo conoció, ya de grande, en las barrancas de Mar Del Plata.
Me miró y dijo: "Vamos a desarmar el coche. Después, cuando lo volvamos a armar, no nos tiene que sobrar ni una arandela, así aprendés". Era un día feriado, sin fútbol ni cine. Hacía un calor terrible y a mediodía el cura del barrio se presentó a comer gratis y a ver televisión. Pero antes de que llegara el cura, mi padre me pidió que eligiera por donde empezar. Parecía un cirujano en calzoncillos. Sudaba a mares por la piel de un blanco lechoso que yo detestaba. Al agacharse para aflojar las ruedas del Gordini se le abría el calzoncillo y las bolsas rugosas bajaban hasta el suelo grasiento. Puso tacos de madera bajo los ejes y empezó a sacar tornillos y tuercas, bujes y rulemanes, grampas y resortes. A mí me daba bronca porque creía que nunca más iba a poder llevar a mi novia al otro lado del río y entre los árboles.
Igual ataqué el motor con una caja de llaves inglesas, francesas y suecas. A mediodía, cuando el cura asomó la cabeza en el taller, ya teníamos medio coche desarmado. Los dos estábamos negros de aceite y habíamos perdido por completo el control de la operación. Mi padre había desmontado todo el tren delantero, la tapa del baúl, el parabrisas, y asomaba la cabeza por abajo del tablero de instrumentos. Atrás, yo había sacado válvulas y culatas y trataba de arrancar el maldito cigueñal. De vez en cuando mi viejo gritaba "¡Carajo, qué mal trabajan los franceses!" y arrojaba el velocímetro sobre la mesa mientras arrancaba con furia el cable del cebador. El cura nos miraba perplejo con un vaso de vino en una mano y la botella en la otra y de pronto le preguntó a mi padre cuántas cuotas llevaba pagadas. Ahí se hizo un silencio y el otro casi se pierde los tallarines gratis:
-Doce- le contestó de mal humor mi viejo, que era devoto de cristos y apóstoles. Y con la ayuda de Dios todavía tengo que pagar otras veinticuatro.
Tardamos tres días para convertir al Gordini en miles y miles de piezas diminutas y tontas desparramadas sobre la mesada y el piso. La carcasa era tan liviana que la sacamos al patio para lavarla con la manguera. La segunda tarde mi madre nos desconoció de tan sucios que estábamos y nos prohibió entrar a la casa. Dormíamos en el garaje, sobre unas bolsas, y allí nos traía de comer. Vivíamos en trance, convencidos de que un técnico diplomado en el Otto Krause y un futuro conscripto de la Patria no podían dejarse derrotar por las astucias de un ingeniero francés. Fue entonces cuando mi padre decidió comprimir el motor y aligerar la dirección para que el coche cumpliera una performance digna de su genio.
Hizo un diseño en la pared y me preguntó, desafiante, si todavía pensaba que el fútbol era mas atrayente que la mecánica. Yo no me acordaba cual pieza concordaba con otra ni qué gancho entraba en qué agujero y una noche mi padre salió a buscar al cura para que con un responso lo ayudara a rehacer el embrague. Al fín, una mañana de fines de febrero el coche quedó de nuevo en pie, erguido y lustroso, más limpio que el día en que salió de la fábrica. Lo único que faltaba era la radio que el cura nos había robado en el momento del recogimiento y la oración.
Le pusimos aceite nuevo, agua fresca, grasa de aviación y un bidón de nafta de noventa octanos. Hacía tiempo que mi padre había perdido los calzoncillos y se cubría las verguenzas con los restos de un mantel. Mi novia me había abandonado por los rumores que corrían en la cuadra y mi madre tuvo que lavarnos a los dos con una estopa embebida en querosene. En el suelo brillaba, redonda y solitaria, una inquietante arandela de bronce, pero igual el coche arrancó al primer impulso de llave. Mi padre estaba convencido de haberme dado una lección para toda la vida.
Adujo que la arandela se había caído de una caja de herramientas y la pateó con desdén mientras se paseaba alrededor del Gordini, orgulloso como un gallo de riña. Después me guiñó un ojo, subió al coche y arrancó hacia la ruta. A la noche lo encontré en el hospital de Cañuelas, con un hombro enyesado y moretones por todas partes.
-Andá-me dijo-. Presentate al regimiento como mecánico, que te salvás de los bailes y las guardias.
Ese año hice más de veinte goles sin tirar un solo penal. Por las noches leía a Italo Calvino mientras escribía los primeros cuentos. Mi viejo sabía aceptar sus errores y cuando publiqué mi primera novela, y me fue bien, se convenció de que en realidad su futuro estaba en la literatura. Enseguida escribió un cuento de suspenso titulado La luz mala, que inventó de cabo a rabo. Como Kafka, murió inédito y desconocido de los críticos. Por fortuna para él su único enemigo, grande y verdadero, había sido Perón.
Fuente: www.taringa.net
Este relato está incluido en el libro "Cuentos de los años felices", editado en 1993 por la Editorial Sudamericana.
Mi padre era muy malo al volante. No le gustaba que se lo dijera y no sé si ahora, en la serenidad del sepulcro, sabrá aceptarlo. En la ruta ponía las ruedas tan cerca de los bordes del pavimento que un día, indefectiblemente, tenía que volcar. Sucedió una tarde de 1963 cuando iba de Buenos Aires a Tandil en un Renault Gordini que fue el único coche que pudo tener en su vida. Lo había comprado a crédito y lo cuidaba tanto que estaba siempre reluciente y del motor salían arrullos de palomas. Me lo prestaba para que fuera al bosque con mi novia y creo que nunca se lo agradecí. A esa edad creemos que el mundo solo tiene obligaciones con nosotros. Y yo presumía de manejar bien, de entender de motores, cajas, distribuidores y diferenciales porque había pasado por el Industrial de Neuquén.
Antes de que me fuera al servicio militar me preguntó que haría al regresar. Ni él ni yo servíamos para tener un buen empleo y le preocupaba que la plata que yo traía viniera del fútbol, que consideraba vulgar. A mi padre le gustaba la ópera aunque creo que nunca conoció el Teatro Colón. Venía de una lejana juventud antifascista que en 1930 le había tirado piedras a los esbirros del dictador Uriburu, y conservaba un costado romántico. Cuando le dije que quería seguir jugando al fútbol, lo tomó como un mal chiste. Me aconsejó que en la conscripción hiciera valer mi diploma de experto en motores para pasarla mejor. Siempre se equivocaba: fue como centro-delantero que evité las humillaciones en el regimiento. Cualquiera arregla un motor pero poca gente sabe acercarse al arco. La ambición de mi padre era que yo conociera bien los motores viejos para después inventar otros nuevos. Igual que Roberto Arlt, siempre andaba dibujando planos y haciendo cálculos. Una tarde en que me prestó el Gordini para ir al bosque me anunció que al día siguiente, aprovechando sus vacaciones, lo íbamos a desarmar por completo para poder armarlo de nuevo.
Yo no le hice caso pero él se tomó el asunto en serio. En el fondo de la casa tenía un taller lleno de extrañas herramientas que iba comprando a medida que lo visitaban los viajantes de Buenos Aires. Como no podía pagarlas, los tipos entraban de prepo al taller, se llevaban las que tenía a medio pagar y de paso le dejaban otras nuevas para tenerlo siempre endeudado. Había algunas muy estrambóticas, llenas de engranajes, sinfines, manómetros y relojes, que nadie sabía para que servían.
A la madrugada dejé el coche en el garaje y me tiré en la cama dispuesto a dormir todo el día. Pero a las seis mi viejo ya estaba de pie y vino a golpear a la puerta de mi pieza. Mi madre no me permitía fumar y el entrenador tampoco, así que cuando me ofrecía el paquete yo sonreía y lo seguía por el pasillo poniéndome los pantalones. Caminaba delante de mí, medio maltrecho, y lo sorprendía que yo pudiera saltar un metro para peinar la pelota que bajaba del techo y meterla por la claraboya del taller.
-Sos un cabeza hueca- me decía.
Se reía con Buster Keaton y leía La Prensa, que le prestaba un vecino. Tal vez había envejecido antes de tiempo o quizá se enamoró de una mujer intocable en uno de esos pueblos perdidos por donde nos había arrastrado. Nunca lo sabré. Mi madre ha perdido la memoria y apenas si recuerda el día en que lo conoció, ya de grande, en las barrancas de Mar Del Plata.
Me miró y dijo: "Vamos a desarmar el coche. Después, cuando lo volvamos a armar, no nos tiene que sobrar ni una arandela, así aprendés". Era un día feriado, sin fútbol ni cine. Hacía un calor terrible y a mediodía el cura del barrio se presentó a comer gratis y a ver televisión. Pero antes de que llegara el cura, mi padre me pidió que eligiera por donde empezar. Parecía un cirujano en calzoncillos. Sudaba a mares por la piel de un blanco lechoso que yo detestaba. Al agacharse para aflojar las ruedas del Gordini se le abría el calzoncillo y las bolsas rugosas bajaban hasta el suelo grasiento. Puso tacos de madera bajo los ejes y empezó a sacar tornillos y tuercas, bujes y rulemanes, grampas y resortes. A mí me daba bronca porque creía que nunca más iba a poder llevar a mi novia al otro lado del río y entre los árboles.
Igual ataqué el motor con una caja de llaves inglesas, francesas y suecas. A mediodía, cuando el cura asomó la cabeza en el taller, ya teníamos medio coche desarmado. Los dos estábamos negros de aceite y habíamos perdido por completo el control de la operación. Mi padre había desmontado todo el tren delantero, la tapa del baúl, el parabrisas, y asomaba la cabeza por abajo del tablero de instrumentos. Atrás, yo había sacado válvulas y culatas y trataba de arrancar el maldito cigueñal. De vez en cuando mi viejo gritaba "¡Carajo, qué mal trabajan los franceses!" y arrojaba el velocímetro sobre la mesa mientras arrancaba con furia el cable del cebador. El cura nos miraba perplejo con un vaso de vino en una mano y la botella en la otra y de pronto le preguntó a mi padre cuántas cuotas llevaba pagadas. Ahí se hizo un silencio y el otro casi se pierde los tallarines gratis:
-Doce- le contestó de mal humor mi viejo, que era devoto de cristos y apóstoles. Y con la ayuda de Dios todavía tengo que pagar otras veinticuatro.
Tardamos tres días para convertir al Gordini en miles y miles de piezas diminutas y tontas desparramadas sobre la mesada y el piso. La carcasa era tan liviana que la sacamos al patio para lavarla con la manguera. La segunda tarde mi madre nos desconoció de tan sucios que estábamos y nos prohibió entrar a la casa. Dormíamos en el garaje, sobre unas bolsas, y allí nos traía de comer. Vivíamos en trance, convencidos de que un técnico diplomado en el Otto Krause y un futuro conscripto de la Patria no podían dejarse derrotar por las astucias de un ingeniero francés. Fue entonces cuando mi padre decidió comprimir el motor y aligerar la dirección para que el coche cumpliera una performance digna de su genio.
Hizo un diseño en la pared y me preguntó, desafiante, si todavía pensaba que el fútbol era mas atrayente que la mecánica. Yo no me acordaba cual pieza concordaba con otra ni qué gancho entraba en qué agujero y una noche mi padre salió a buscar al cura para que con un responso lo ayudara a rehacer el embrague. Al fín, una mañana de fines de febrero el coche quedó de nuevo en pie, erguido y lustroso, más limpio que el día en que salió de la fábrica. Lo único que faltaba era la radio que el cura nos había robado en el momento del recogimiento y la oración.
Le pusimos aceite nuevo, agua fresca, grasa de aviación y un bidón de nafta de noventa octanos. Hacía tiempo que mi padre había perdido los calzoncillos y se cubría las verguenzas con los restos de un mantel. Mi novia me había abandonado por los rumores que corrían en la cuadra y mi madre tuvo que lavarnos a los dos con una estopa embebida en querosene. En el suelo brillaba, redonda y solitaria, una inquietante arandela de bronce, pero igual el coche arrancó al primer impulso de llave. Mi padre estaba convencido de haberme dado una lección para toda la vida.
Adujo que la arandela se había caído de una caja de herramientas y la pateó con desdén mientras se paseaba alrededor del Gordini, orgulloso como un gallo de riña. Después me guiñó un ojo, subió al coche y arrancó hacia la ruta. A la noche lo encontré en el hospital de Cañuelas, con un hombro enyesado y moretones por todas partes.
-Andá-me dijo-. Presentate al regimiento como mecánico, que te salvás de los bailes y las guardias.
Ese año hice más de veinte goles sin tirar un solo penal. Por las noches leía a Italo Calvino mientras escribía los primeros cuentos. Mi viejo sabía aceptar sus errores y cuando publiqué mi primera novela, y me fue bien, se convenció de que en realidad su futuro estaba en la literatura. Enseguida escribió un cuento de suspenso titulado La luz mala, que inventó de cabo a rabo. Como Kafka, murió inédito y desconocido de los críticos. Por fortuna para él su único enemigo, grande y verdadero, había sido Perón.
Fuente: www.taringa.net
viernes, 8 de julio de 2011
miércoles, 6 de julio de 2011
Para pensar en el futuro...
Este corto fue realizado para el segundo Festival Ecológico "La Luciérnaga Fundida". Muestra la diferencia de huella ecológica entre generaciones, buscando que nos cuestionemos cómo será nuestra huella. Avancemos al futuro, aprendiendo del pasado.
Al final de cuentas, nos deja la siguiente pregunta: ¿Otro mundo es posible?
Al final de cuentas, nos deja la siguiente pregunta: ¿Otro mundo es posible?
miércoles, 29 de junio de 2011
Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor "del fuego" (Simone Seija Paseyro)
Alguien me dijo que no es casual...que desde siempre las elegimos. Que las encontramos en el camino de la vida, nos reconocemos y sabemos que en algún lugar de la historia de los mundos fuimos del mismo clan.
Pasan las décadas y al volver a recorrer los ríos esos cauces, tengo muy presentes las cualidades que las trajeron a mi tierra personal.
Valientes, reidoras y con labia.
Capaces de pasar horas enteras escuchando, muriéndose de risa, consolando. Arquitectas de sueños, hacedoras de planes, ingenieras de la cocina, cantautoras de canciones de cuna.
Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor de "un fuego", nacen fuerzas, crecen magias, arden brasas, que gozan, festejan, curan, recomponen, inventan, crean, unen, desunen, entierran, dan vida, rezongan, se conduelen.
Ese fuego puede ser la mesa de un bar, las idas para afuera en vacaciones, el patio de un colegio, el galpón donde jugábamos en la infancia, el living de una casa, el corredor de una facultad, un mate en el parque, la señal de alarma de que alguna nos necesita o ese tesoro incalculable que son las quedadas a dormir en la casa de las otras.
Las de adolescentes después de un baile, o para preparar un examen, o para cerrar una noche de cine. Las de "veníte el sábado" porque no hay nada mejor que hacer en el mundo que escuchar música, y hablar, hablar y hablar hasta cansarse.
Las de adultas, a veces para asilar en nuestras almas a una con desesperanza en los ojos, y entonces nos desdoblamos en abrazos, en mimos, en palabras, para recordarle que siempre hay un mañana.
A veces para compartir, departir, construir, sin excusas, solo por las meras ganas. El futuro en un tiempo no existía. Cualquiera mayor de 25 era de una vejez no imaginada...y sin embargo...detrás de cada una de nosotras, nuestros ojos.
Cambiamos. Crecimos. Nos dolimos. Parimos hijos. Enterramos muertos. Amamos. Fuimos y somos amadas. Dejamos y nos dejaron. Nos enojamos para toda la vida, para descubrir que toda la vida es mucho y no valía la pena. Cuidamos y en el mejor de los casos nos dejamos cuidar. Nos casamos, nos juntamos, nos divorciamos. O no. Creímos morirnos muchas veces, y encontramos en algún lugar la fuerza de seguir. Bailamos con un hombre, pero la danza más lograda la hicimos para nuestros hijos al enseñarles a caminar. Pasamos noches en blanco, noches en negro, noches en rojo, noches de luz y de sombras. Noches de miles de estrellas y noches desangeladas. Hicimos el amor, y cuando correspondió, también la guerra. Nos entregamos. Nos protegimos. Fuimos heridas e inevitablemente, herimos. Entonces...los cuerpos dieron cuenta de esas lides (peleas), pero todas mantuvimos intacta la mirada. La que nos define, la que nos hace saber que ahí estamos, que seguimos estando y nunca dejamos de estar. Porque juntas construimos nuestros propios cimientos, en tiempos donde nuestro edificio recién se empezaba a erigir. Somos más sabias, más hermosas, más completas, más plenas, más dulces, más risueñas y por suerte, de alguna manera, más salvajes. Y en aquel tiempo también lo éramos, sólo que no lo sabíamos. Hoy somos todas espejos de las unas, y al vernos reflejadas en esta danza cotidiana, me emociono. Porque cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor "del fuego" que deciden avivar con su presencia, hay fiesta, hay aquelarre, misterio, tormenta, centellas y armonía. Como siempre. Como nunca. Como toda la vida. Para todas las brasas de mi vida, las que arden desde hace tanto, y las que recién se suman al fogón.
Fuente: http://mujeresdescosidas.blogspot.com
Pasan las décadas y al volver a recorrer los ríos esos cauces, tengo muy presentes las cualidades que las trajeron a mi tierra personal.
Valientes, reidoras y con labia.
Capaces de pasar horas enteras escuchando, muriéndose de risa, consolando. Arquitectas de sueños, hacedoras de planes, ingenieras de la cocina, cantautoras de canciones de cuna.
Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor de "un fuego", nacen fuerzas, crecen magias, arden brasas, que gozan, festejan, curan, recomponen, inventan, crean, unen, desunen, entierran, dan vida, rezongan, se conduelen.
Ese fuego puede ser la mesa de un bar, las idas para afuera en vacaciones, el patio de un colegio, el galpón donde jugábamos en la infancia, el living de una casa, el corredor de una facultad, un mate en el parque, la señal de alarma de que alguna nos necesita o ese tesoro incalculable que son las quedadas a dormir en la casa de las otras.
Las de adolescentes después de un baile, o para preparar un examen, o para cerrar una noche de cine. Las de "veníte el sábado" porque no hay nada mejor que hacer en el mundo que escuchar música, y hablar, hablar y hablar hasta cansarse.
Las de adultas, a veces para asilar en nuestras almas a una con desesperanza en los ojos, y entonces nos desdoblamos en abrazos, en mimos, en palabras, para recordarle que siempre hay un mañana.
A veces para compartir, departir, construir, sin excusas, solo por las meras ganas. El futuro en un tiempo no existía. Cualquiera mayor de 25 era de una vejez no imaginada...y sin embargo...detrás de cada una de nosotras, nuestros ojos.
Cambiamos. Crecimos. Nos dolimos. Parimos hijos. Enterramos muertos. Amamos. Fuimos y somos amadas. Dejamos y nos dejaron. Nos enojamos para toda la vida, para descubrir que toda la vida es mucho y no valía la pena. Cuidamos y en el mejor de los casos nos dejamos cuidar. Nos casamos, nos juntamos, nos divorciamos. O no. Creímos morirnos muchas veces, y encontramos en algún lugar la fuerza de seguir. Bailamos con un hombre, pero la danza más lograda la hicimos para nuestros hijos al enseñarles a caminar. Pasamos noches en blanco, noches en negro, noches en rojo, noches de luz y de sombras. Noches de miles de estrellas y noches desangeladas. Hicimos el amor, y cuando correspondió, también la guerra. Nos entregamos. Nos protegimos. Fuimos heridas e inevitablemente, herimos. Entonces...los cuerpos dieron cuenta de esas lides (peleas), pero todas mantuvimos intacta la mirada. La que nos define, la que nos hace saber que ahí estamos, que seguimos estando y nunca dejamos de estar. Porque juntas construimos nuestros propios cimientos, en tiempos donde nuestro edificio recién se empezaba a erigir. Somos más sabias, más hermosas, más completas, más plenas, más dulces, más risueñas y por suerte, de alguna manera, más salvajes. Y en aquel tiempo también lo éramos, sólo que no lo sabíamos. Hoy somos todas espejos de las unas, y al vernos reflejadas en esta danza cotidiana, me emociono. Porque cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor "del fuego" que deciden avivar con su presencia, hay fiesta, hay aquelarre, misterio, tormenta, centellas y armonía. Como siempre. Como nunca. Como toda la vida. Para todas las brasas de mi vida, las que arden desde hace tanto, y las que recién se suman al fogón.
Fuente: http://mujeresdescosidas.blogspot.com
viernes, 24 de junio de 2011
Dios Mio... (Mahatma Gandhi)
Ayúdame a decir la palabra de verdad en la cara de los fuertes, y a no mentir para congraciarme el aplauso de los débiles.Si me das dinero, no tomes mi felicidad, y si me das fuerzas, no quites mi raciocinio.
Si me das éxito no me quites la humildad, si me das humildad, no quites mi dignidad.
Ayúdame a conocer la otra cara de la imagen, y no me dejes acusar a mis adversarios, tachándoles de traidores porque no comparten mi criterio.
Enséñame a amar a los demás como me amo a mí mismo, y a juzgarme como lo hago con los demás.
No me dejes embriagar con el éxito cuando lo logre, ni desesperarme si fracaso.
Más bien, hazme siempre recordar que el fracaso es la prueba que antecede al éxito.
Enséñame...que la tolerancia es el más alto grado de la fuerza y que el deseo de venganza es la primera manifestación de la debilidad.
Si me despojas del dinero, déjame la esperanza, y si me despojas del éxito, déjame la fuerza de voluntad para poder vencer el fracaso.
Si me despojas del don de la salud, déjame la gracia de la fe.
Si hago daño a la gente, dame la fuerza de la disculpa, y si la gente me hace daño, dame la fuerza del perdón y la clemencia.
DIOS MIO...SI TE OLVIDO..¡¡NO ME OLVIDES!!..
AMÉN
MAHATMA GANDHI
Fuente: http://arteymente.blogspot.com
martes, 14 de junio de 2011
sábado, 4 de junio de 2011
martes, 31 de mayo de 2011
Historia verídica (Julio Cortázar)
A un señor se le caen al suelo los anteojos, que hacen un ruido terrible al chocar con las baldosas. El señor se agacha afligidísimo porque los cristales de anteojos cuestan muy caros, pero descubre con asombro que por milagro no se le han roto.
Ahora este señor se siente profundamente agradecido, y comprende que lo ocurrido vale por una advertencia amistosa, de modo que se encamina a una casa de óptica y adquiere enseguida un estuche de cuero almohadillado doble protección, a fin de curarse en salud. Una hora más tarde se le cae el estuche, y al agacharse sin mayor inquietud descubre que los anteojos se han hecho polvo. A este señor le lleva un rato comprender que los designios de la Providencia son inescrutables, y que en realidad el milagro ha ocurrido ahora.
Fuente: www.ciudadseva.com
Ahora este señor se siente profundamente agradecido, y comprende que lo ocurrido vale por una advertencia amistosa, de modo que se encamina a una casa de óptica y adquiere enseguida un estuche de cuero almohadillado doble protección, a fin de curarse en salud. Una hora más tarde se le cae el estuche, y al agacharse sin mayor inquietud descubre que los anteojos se han hecho polvo. A este señor le lleva un rato comprender que los designios de la Providencia son inescrutables, y que en realidad el milagro ha ocurrido ahora.
Fuente: www.ciudadseva.com
viernes, 27 de mayo de 2011
30 Curiosidades sobre videojuegos
1- Ralph Baer creó la Magnavox Oddysey (izquierda en la foto) en el año 1972, que se convertiría en la primera videoconsola de la historia. Seis años más tarde crearía el Simon (1978), el más popular de los juguetes electrónicos.
2- El primer trabajo de Mario Bros fue de carpintero en el Donkey Kong y no de fontanero (plomero). Entonces no se llamaba Mario, sino Jumpman.
3- El Oxo (1952), un tres en raya, es considerado el primer videojuego con gráficos de la historia (los juegos en modo texto ya existían). A pesar de eso, existen ciertas dudas sobre si realmente fue el primer juego, ya que una patente que data de 1947 describe un juego de simulación de misiles utilizando un tubo de rayos catódicos (electrodos negativos).
4- Pacman nació una noche que su creador, Tohru Iwatani, salió a cenar con sus amigos. Pidieron pizza, y la idea del personaje se le vino a la cabeza al ver la figura que quedaba al tomar la primera porción.
5- Japón sufrió una gran escasez de monedas usadas en las recreativas con la llegada de Space Invaders. En un primer momento se hizo frente a esta situación abaratando el precio de las jugadas, pero no fue suficiente y al final el gobierno tuvo que intervenir poniendo más monedas en circulación.
6- El mejor jugador del mundo de Pacman se llama Billy Mitchel y consiguió en el juego una puntuación de 3.333.360 puntos llegando al nivel 255 (penúltimo nivel) con la primera vida y comiendo cada una de las frutas.
7- La primera máquina arcade operada por monedas fue Computer Space, lanzada al mercado en Noviembre de 1971 por Nutting Associates. El dinero que obtuvieron sus creadores, Nolan Bushnell y Ted Dabney, lo utilizaron para fundar Atari.
8- La primera máquina tragamonedas de la historia fue la Liberty Bell, construida en San Francisco en el año 1891 por el mecánico alemán Charles Fey. Inspirada en el juego del Poker, la "Campana de la Libertad" premiaba a sus jugadores con bebidas y cigarrillos, y no con dinero en efectivo.
9- Gracias a un fallo de diseño del chip TIA de la Atari 2600 y a la utilización de una técnica llamaba H-Strobe, se logró pasar el arcade Space Invaders a la Atari 2600. Es curioso que el mejor juego de Atari 2600 se llevara a cabo aprovechando un error de la máquina.
10- El Polybius es el juego arcade más misterioso de todos los tiempos y no se conserva ni una sola copia del mismo. Según cuenta la leyenda, este juego que apareció en unos pocos sitios de Portland (Oregón), era un experimento del gobierno de EEUU capaz de causar pesadillas y pérdidas de memoria a los jugadores.Esta leyenda urbana fue parodiada en Los Simpsons, apareciendo el arcade Polybius en el salón recreativo al que acude Bart.
11- Al contrario de lo que se cree, Sega fue originariamente una compañía americana. Su nombre era Service Games (SeGa) y se dedicaban a la importación y reparación de recreativas traidas de Japón.
12- No todos los Street Fighter son juegos de lucha. El Street Fighter 2010 es un juego de acción futurista en el que su protagonista llamado Kevin debe hacer frente a hordas de criaturas mutantes. En su llegada a Estados Unidos y como una estrategia comercial de Capcom América, el nombre de Kevin fue cambiado por Ken.
13- La Treamcast es una consola pirata compatible con la Dreamcast que además incluye una pantalla LCD. Es curioso que la compañía china que la fabricaba se hubiera volcado precisamente por una máquina que comercialmente no tuvo mucho éxito.
14- Tras el éxito taquillero de ET, se preparó un videojuego inspirado en la película para la Atari 2600. Estaban tan seguros de que sería un bombazo que fabricaron más cartuchos que el número de videoconsolas que habían vendido.Una mecánica simple y aburrida unida a un fallo enorme en el juego hizo que Atari no encontrara ninguna salida para los cartuchos del simpático extraterreste.
Según cuenta la leyenda urbana, Atari optó por enterrar los juegos de ET en un desierto de Nuevo México, para evitar el elevado coste que suponía almacenarlos. En el lugar donde se cree que se enterraron hay un cartel que dice: "Aquí descansa ET y su familia".
15- En el arcade Pacman, no hay forma de pausar el juego, pero sí hay una forma de tomarse un respiro. Existe un lugar dentro del laberinto al que se puede llegar cuando ninguno de los fantasmas esté cerca y que permite que el jugador se esconda en un lugar donde nadie lo encontrará.
16- Uno de los secretos más asombrosos del Super Mario Bros de NES (Nintendo) es el del Minus World o Mundo -1. Un mundo al que se puede llegar atravesando una pared y que se compone de una fase de agua. A pesar de que Mario llegue al final, una tubería lo mandará al principio con el tiempo que le quedaba, por lo que si Mario pisa el Mundo -1, está condenado a morir.
17- Nintendo se fundó en el año 1889 por Fusajiro Yamauchi. En sus comienzos era una compañía que fabricaba y distribuía un juego de cartas de flores pintadas a mano llamadas Hanafuda que gozaron de una gran popularidad. En el año 1956, Hiroshi Yamauchi (nieto de Fusajiro) viajó a EEUU para reunirse con el presidente de la compañía lider en fabricación de cartas de América. Al ver que la oficina que usaban era muy pequeña se dio cuenta de lo limitado que estaba su negocio, por lo que optó por cambiar sus productos. También aprovechó el viaje para firmar un acuerdo con Disney para el uso de sus personajes en las cartas.
18- La gente de la Unión Soviética también disfrutó de las máquinas arcade, aunque su repertorio era propio y sus máquinas estaban basadas en los primeros juegos japoneses y americanos. Una característica de las máquinas rusas es que no disponían de ranking de puntuaciones: "Si consigues bastantes puntos ganas en un juego libre, pero no hay ranking" (Alexander Stakhanov, fundador del museo de Arcades Soviéticos).
19- En China está prohibido que los menores jueguen más de tres horas a videojuegos online, por varios casos de muertes tras largas jornadas videojueguiles.
20- El Dr. Kawashima, padre del Brain Training, no ha cobrado por su "best seller". El dinero generado por el juego, unos 15 millones de euros, los ha cedido íntegramente a la investigación de la lucha contra el cáncer. Según él, su sueldo de 70.000 euros anuales que le reporta su trabajo en la Universidad de Tohoku es más que suficiente para vivir de forma digna.Otra curiosidad del Dr. Kawashima es que no le gustan los videojuegos y tan sólo deja a sus hijos jugar una hora al día.
21- La primera máquina arcade comercial de Atari fue el Pong, y el primer modelo lo situó Nolan Bushnell en una gasolinera. Cuando volvió al cabo de un tiempo para ver qué tal había ido, la máquina no funcionaba: estaba llena de monedas.
22- El Break Out nació como una versión del Pong para un solo jugador. Al Alcorn, ingeniero de Atari y creador del Pong, había diseñado un prototipo que usaba demasiados chips para mover el juego, por lo que resultaba no rentable como producto comercial sacar algo así. En busca de una solución, Nolan Bushnell propuso un desafío a sus empleados que consistía en reducir el número de chips, y el ganador obtendría una jugosa recompensa económica. Steve Jobs se enteró del concurso y se lo propuso a su amigo Steve Wozniak, quien en tan solo 72 horas logró reducir los 75 chips a tan sólo 25. Steve Jobs cobró la recompensa y le dio a Wozniak una pequeña parte del premio. Wozniak se enteraría más tarde de esta jugarreta, pero Jobs le diría que gran parte del dinero lo utilizó para fundar Apple.
23- El Pacman fue el primer juego que tuvo "personaje".
24- A partir del nivel 18, los fantasmas del Pacman dejan de volverse azules y ya no se pueden comer.
25- El juego más raro del mundo es el Nintendo World Championships 1990 para NES, y únicamente hay 116 unidades en circulación. Cada vez que uno de estos cartuchos se subasta en Ebay, el precio final suele ser impresionante.
26- El diseño del Triforce de Zelda está basado en el estandarte de el clan feudal japonés Hojo.
27- La primera mascota de Sega fue Alex Kidd.
28- Un representante americano de Capcom comentó que en el juego Final Fight era de mal gusto que los protagonistas tuvieran que enfrentarse con chicas en una pelea. El diseñador japonés del juego le contestó que no había ninguna chica en el juego. Cuando el americano le preguntó por Poison y Roxy el japonés respondió que no eran chicas, sino transexuales. A las dos "chicas" se les cambió el corte de pelo y vestuario para la versión final.
29- Nintendo inventó la cruceta y el primer mando en el que se incorporó fue en el pad de NES. Sin embargo, un sistema de control parecido era el de la Mattel Intellivision, que consistía en un disco que al ser presionado con el dedo, era capaz de distinguir entre 16 posiciones distintas.
30- Pacman es conocido como Puck-man en Japón, pero fue su entrada en el mercado americano la que propició su cambio de nombre debido a las similitudes en la lengua anglosajona de las palabras "Puck" y "Fuck".Fuente: www.pixfans.com
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